|
|
|
El hábito de fumar comienza a edades muy tempranas (adolescencia, generalmente) y las primeras experiencias suelen ser desagradables, pues los múltiples tóxicos que se incorporan al organismo con la inhalación del humo del tabaco producen en éste síntomas no demasiado placenteros (mareo, náuseas, taquicardia, sudoración, etc.). A pesar de ello se suele perseverar en experimentación, influenciado por diversos estímulos. Los más significativos son los amigos, el ejemplo de la familia (padres, hermanos mayores), la imagen social de personajes famosos y admirados que fuman (ídolos de la canción, actores de cine, etc.) y, como factores más importantes, la publicidad (directa o indirecta) y el fácil acceso al tabaco (es relativamente barato y lo venden en casi todas partes). Además, el organismo se acostumbra rápidamente a los efectos adversos del tabaco y pronto el acto de fumar comienza a convertirse en una actividad placentera. El "placer" viene fundamentalmente de los efectos de una sustancia que, liberada de las ristras del tabaco por la combustión del mismo, e incorporada al humo que inhala el fumador, pasa a los pulmones y, absorbida por la sangre que los irrigan, llega rápidamente al cerebro (en unos 6 o 7 segundos) donde ejerce su efecto. Esta potente droga (y digo potente porque a dosis insignificantes produce efectos muy marcados sobre el individuo) tiene una doble acción: por un lado, disminuye la ansiedad (la mayoría de los fumadores fuman más cuando están nerviosos o angustiados) y, por otro lado, actúa como psicoestimulante, con efecto parecido al de la cafeína, es decir "despierta" (también se observa que mucha gente fuma cuando realiza tareas que requieren cierta concentración, como estudiar, conducir, negociar, dar una charla, etc.). La nicotina también ejerce acciones en otras partes del organismo, como por ejemplo, aumentar la presión de la sangre, incrementar el ritmo cardíaco, estimular la contracción del intestino (es bien conocido por los fumadores lo que ayuda el cigarrillo a la hora de ir al W.C.) o disminución del apetito. Pero, como todas las drogas, la nicotina también produce un efecto llamado "tolerancia", por el cual cada vez se precisan dosis mayores para conseguir los mismos resultados, y por ello, la tendencia es a fumar cada vez más cantidad de cigarrillos. Así, la verdadera adicción del tabaco, se produce cuando el organismo se acostumbra de tal modo a la acción de la nicotina que no puede pasar sin ella, porque en cuanto disminuye el aporte habitual de ésta, se produce un auténtico síndrome de abstinencia, hoy en día bien estudiado, que consiste en manifestaciones de irritabilidad, inquietud, embotamiento, somnolencia, disminución de la capacidad de concentración, alteraciones del sueño y la memoria, trastornos gastrointestinales, aumento del apetito y, sobre todo, como factor más importante y desencadenante de los fracasos en las tentativas de abandonar el hábito de fumar, un importante aumento de la ansiedad. Resumiendo todo lo dicho hasta aquí, creo interesante resaltar los siguientes puntos: 1. El hábito de fumar, a diferencia de otros, produce efectos desagradables en un principio, pero las influencias ambientales y culturales junto con la asequibilidad de! cigarrillo invitan ala perseverancia y acaba creándose una auténtica adicción. 2. Dicha adicción se mantiene por los efectos "positivos" que produce la nicotina: disminuir la ansiedad y actuar como psicoestimulante. Por eso, las personas más ansiosas son las que más fácilmente se "enganchan" al tabaco. 3. Con el tiempo se produce una tolerancia a esos efectos "positivos" de manera que se acaba fumando para evitar el síndrome de abstinencia (o sea, el fumador necesita la nicotina, no ya para mejorar su estado de normalidad, pues con la tolerancia los efectos ya no se producen del mismo modo, sino simplemente para alcanzar un estado "normal", léase ausencia de ansiedad y de las demás alteraciones). Tal vez habrá quien opine que si las razones se limitaran a las hasta aquí expuestas (que deberían ser más que suficientes) ¿qué necesidad hay de dejar de fumar? Lo cierto es que todo lo apuntado más arriba es sólo la punta del iceberg, cuya peligrosísima base es el efecto absolutamente devastador y prácticamente irreversible que produce el tabaco en nuestro organismo. Pero eso, querido lector, lo contaré otro día. Será mi modesta aportación a una gran causa: que usted sea más feliz. |
